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Aromaterapia y demencia: cuando las palabras desaparecen, los aromas todavía pueden conectar

Por ​que para oler hemos de parar...

¿Puede un aroma despertar un recuerdo o una emoción en una persona con Alzheimer avanzado, incluso cuando ya no consigue expresar lo que siente?

Es una pregunta que me interesa especialmente, tanto por mi experiencia profesional en Aromaterapia clínica como por una situación personal que quiero compartir.

Cuando hablamos de demencia, pensamos en la pérdida de memoria, las dificultades para comunicarse y la disminución progresiva de la autonomía. Pero pocas veces hablamos de un sentido que mantiene una relación muy especial con nuestras emociones y recuerdos: el olfato.

Olfato, memoria y emociones: ¿qué ocurre en el Alzheimer?

El sistema olfatorio está estrechamente conectado con estructuras cerebrales relacionadas con la memoria y las emociones, como la amígdala, el hipocampo y la corteza entorrinal.

Por eso, determinados aromas pueden evocarnos personas, lugares y experiencias que creíamos olvidadas. Es lo que conocemos como fenómeno de Proust.

Sin embargo, en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el olfato también puede deteriorarse.

Y aquí debemos diferenciar algo importante: oler no es lo mismo que identificar un olor.

Una persona puede percibir un aroma y no ser capaz de reconocerlo o encontrar la palabra para nombrarlo. También puede asociarlo con una experiencia sin identificar exactamente qué está oliendo.

Por eso, cuando trabajamos con personas con demencia, la ausencia de una respuesta verbal no significa necesariamente que hayan perdido completamente el olfato.

¿Qué dice la ciencia sobre la Aromaterapia y la demencia?

Diversas investigaciones han estudiado la estimulación olfativa como intervención complementaria en personas con deterioro cognitivo.

Una revisión sistemática publicada en 2021 encontró resultados potencialmente favorables sobre algunos síntomas conductuales y psicológicos de la demencia, aunque los estudios eran limitados y heterogéneos.

Investigaciones posteriores también han explorado posibles beneficios del entrenamiento olfativo sobre la memoria y el estado emocional.

Pero debemos ser rigurosos: actualmente no existe evidencia suficiente para afirmar que los aceites esenciales prevengan el Alzheimer, recuperen las capacidades cognitivas perdidas o detengan la progresión de la enfermedad.

Su interés está en explorar cómo los aromas pueden utilizarse como estímulos sensoriales dentro de actividades que favorezcan el bienestar, la interacción y el acompañamiento.

Una experiencia personal que me hizo reflexionar

Mi suegra tiene Alzheimer en fase avanzada.

La enfermedad ha ido limitando enormemente su autonomía. Ya no puede caminar sola, le cuesta sostener objetos y muchas de las actividades que antes disfrutaba, como los puzles o el dominó, ya no son posibles.

Una tarde estaba especialmente inquieta. No conseguíamos saber qué le ocurría porque apenas puede expresar lo que necesita.

Pensé en utilizar algunos aceites esenciales para intentar ayudarla.

Le ofrecí cuatro aromas diferentes, uno a uno, observando sus respuestas. No sabía identificarlos y tampoco tenía claro cuánto olfato conservaba.

Hasta que llegó el Petitgrain (Citrus aurantium).

Lo olió y dijo espontáneamente:

«Huele a colonia de hombre».

Aquella frase me sorprendió muchísimo.

No sé a quién le recordó, ni qué asociación pudo despertar aquel aroma. Pero observé que empezó a tranquilizarse.

Entonces improvisé una actividad con una cuerda y varias pinzas de madera. En una de ellas incorporé una gota de aceite esencial como soporte aromático, manteniendo la supervisión.

Empezó a abrir y cerrar las pinzas, hacer nudos y enrollar la cuerda alrededor de la madera.

Y me di cuenta de que aquellos movimientos se parecían mucho a los que realizaba cuando era joven y cosía.

Estuvo casi una hora sentada a mi lado, tranquila, entretenida con aquella actividad.

No puedo afirmar que fuera el Petitgrain lo que la tranquilizó. Quizá fue el aroma, la actividad, el acompañamiento o la combinación de todo ello.

Pero aquella tarde me recordó algo muy importante: aunque una persona haya perdido muchas capacidades, todavía podemos encontrar formas de conectar con su historia y con aquello que conserva.

La importancia de conocer la historia de cada persona

En la estimulación olfativa autobiográfica no se trata simplemente de escoger aceites esenciales que consideramos relajantes.

Se trata de descubrir qué aromas han formado parte de la vida de esa persona.

La Lavanda (Lavandula angustifolia) puede recordar a alguien la ropa limpia.

El Romero (Salvia rosmarinus), el campo.

El Limón (Citrus limon), la cocina familiar.

El Petitgrain, una colonia.

Pero estas asociaciones son completamente individuales.

Por eso es importante hablar con la familia, conocer sus preferencias y observar cómo responde a cada estímulo.

En personas con demencia avanzada, tampoco necesitamos preguntar continuamente «¿qué es?» o «¿te acuerdas?». A veces basta con ofrecer el aroma, esperar y observar una sonrisa, un gesto, una palabra espontánea o una señal de rechazo.

Y podemos acompañarlo de actividades familiares que impliquen movimientos aprendidos, aprovechando habilidades procedimentales que en algunas personas pueden conservarse durante más tiempo.

Una Aromaterapia individualizada y segura

Los aceites esenciales son sustancias concentradas y requieren precauciones especiales en personas mayores vulnerables.

Para este tipo de estimulación prefiero exposiciones olfativas suaves, breves e individualizadas, evitando saturar el ambiente o acercar intensamente los frascos a la nariz.

Los soportes aromáticos deben utilizarse bajo supervisión, sin riesgo de contacto con mucosas, ojos o ingestión accidental. Si existe rechazo, tos o incomodidad, debemos retirar el estímulo.

Y algo fundamental: no todos los aromas agradables para nosotros resultan agradables para otra persona.

El bienestar y las preferencias individuales siempre deben estar por delante de cualquier protocolo.

Cuando cuidar también significa encontrar nuevas formas de conectar

Mi suegra ya no recuerda muchas cosas. A menudo tampoco sabe quiénes somos.

Pero sigue buscando nuestras manos, pidiendo besos y sonriendo cuando recibe cariño.

Y eso me hace pensar que, aunque el deterioro cognitivo avance, todavía podemos encontrar oportunidades para compartir momentos significativos.

La Aromaterapia no puede devolverle lo que la enfermedad le ha quitado.

Pero la estimulación olfativa, integrada con otras actividades y adaptada a cada persona, puede ser una herramienta más para explorar esas posibilidades de conexión.

Porque a veces cuidar no consiste en conseguir que alguien recuerde, sino en encontrar una manera de hacerle sentir acompañado.

Un abrazo aromático

Eva Ruth González García

Bibliografía

  1. Cha H, Kim S, Seo MS, Kim HS. Effects of olfactory stimulation on cognitive function and behavior problems in older adults with dementia: a systematic literature review. Geriatr Nurs. 2021;42(5):1210-1217. Consultar estudio.
  2. Vance DE, Del Bene VA, Kamath V, et al. Does olfactory training improve brain function and cognition? A systematic review. Neuropsychol Rev. 2024;34(1):155-191. Consultar estudio.
  3. Chen K, Yu S, Jiang X. Effectiveness of olfactory training for cognition and depressive symptoms in middle-aged and elderly adults: a systematic review and meta-analysis. Psychogeriatrics. 2025;25(5). Consultar estudio.

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