Dos herramientas, dos ritmos… un mismo objetivo: equilibrar tus emociones
Las Flores de Bach son una de esas herramientas que, cuando las conoces de verdad, ya no salen de tu vida.
Los niños, cuando vienen a consulta, les hago partícipe de la preparación de sus flores de bach y cuando las prueban por primera vez te dicen sorprendidos:
"No saben a nada, pero me gustan"
Y, en cierto modo, tienen razón, por eso siempre mi respuesta es: "Claro, porque son mágicas"
Las Flores de Bach son un sistema terapéutico natural, de carácter vibracional, que actúa en los niveles más sutiles de la persona —aquellos que no vemos— ayudando a transformar los estados emocionales que nos desequilibran y devolviendo paz, claridad y armonía.
Se trata de extractos florales capaces de influir en los estados mentales y emocionales que, en muchas ocasiones, están en la base del malestar.
Su acción se fundamenta en la capacidad del agua para almacenar la información vibracional de las flores, actuando como un vehículo que acompaña al organismo hacia el equilibrio.
Mi encuentro con las Flores de Bach
Descubrí las Flores de Bach en 1998, en la consulta del médico con el que trabajaba.
En aquel momento las preparaba tal como él me indicaba, sin saber realmente qué había detrás.
Pero la curiosidad apareció…
Y con ella, el estudio.
Desde entonces, siempre me han acompañado.
Veía resultados, sentía su efectividad, pero también percibía algo: los procesos, en muchos casos, eran profundos… pero lentos.
Quizá mi parte Impatiens (la flor de la impaciencia) ya estaba hablando, pero sentía que debía existir algo que ayudara a acelerar ese proceso emocional.
El descubrimiento de la Aromaterapia
En esa búsqueda apareció la aromaterapia.
Y debo decirlo así: me enamoré profundamente de ella.
Ya había tenido contacto con aceites esenciales cuando estudié reflexología podal, pero no fue hasta que comprendí su acción emocional cuando todo cambió.
¿Cómo era posible que, en cuestión de segundos, una emoción pudiera modificarse simplemente a través del olfato?
Esa rapidez, esa conexión directa con el sistema nervioso… me fascinó.
Tanto, que durante años profundicé intensamente en este campo.
Cuando todo encaja
Con el tiempo empecé a observar algo muy interesante:
había paralelismos emocionales entre ciertos aceites esenciales y determinadas Flores de Bach.
Y entonces lo vi claro.
Si por separado ya eran herramientas poderosas…
juntas podían ser extraordinarias.
Así nació lo que hoy conocemos como EsencialBach: la integración de la aromaterapia y las Flores de Bach en un mismo enfoque terapéutico.
Dos caminos, un mismo objetivo
Aunque comparten finalidad, actúan de forma distinta:
- Las Flores de Bach se toman por vía oral, normalmente en frascos cuentagotas de 30 ml, y trabajan de forma progresiva, acompañando el proceso emocional desde dentro.
- Los aceites esenciales, en cambio, se aplican por vía olfativa, generalmente en formato roll-on, diluidos en aceite vegetal. Su acción es rápida, directa, casi inmediata.
El olfato es una vía poderosa.
Nos conecta con recuerdos, sensaciones y emociones de forma casi instantánea.
¿Quién no ha olido un perfume, la tierra mojada tras la lluvia o una comida… y ha sido transportado a otro momento de su vida?
Ahí está la clave.
El equilibrio perfecto
Cuando unimos ambas herramientas, conseguimos algo muy valioso:
La rapidez de los aceites esenciales, que nos ayudan a salir de un estado emocional concreto en el momento.
La profundidad y constancia de las Flores de Bach, que sostienen y acompañan el proceso en el tiempo.
Por eso, para mí, forman
el dúo perfecto.
Un enfoque que permite equilibrar, sostener y transformar desde dos planos distintos… pero complementarios.
Un abrazo aromático
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